Entrevista sobre el proyecto "en el amanecer, un jardín"




Por Anastasia Fernández


¿Qué es en el amanecer, un jardín para ti?


Para mí es la pieza más significativa hasta ahora del proyecto Paper Environments, que son instalaciones monocromáticas de papel blanco. Para mí en el amanecer, un jardín es un espacio que te contiene, que te abraza y te expone a nuevas experiencias sensoriales como la monocromía, me encantaría que fuera la imagen de un poema, o el reflejo de un sueño.


Pareciera que existe una intención de replicar o recrear una realidad, ¿por qué sucede esto?


Sí, definitivamente hay una intensión de réplica tanto del objeto como del espacio en sí, sólo que esta recreación intenta desaparecer la policromía a la que estamos acostumbrados en la vida diaria. Sí me interesa crear un espacio contrastado y contradictorio donde todo es casi igual pero completamente distinto, y el detalle es una herramienta muy importante porque es a través de él que puedo lograr ese juego de realidades, sino parecería sólo un escenario teatral. Y creo que aquí es cuando los espacios cotidianos son esenciales, por eso trato de copiar cada objeto uno por uno, para luego unirlo al espacio, y cada objeto está basado de alguna manera en arquetipos, o tal vez en la memoria o en la imagen perfecta que yo tengo de ese objeto o de esa planta. Además la réplica de cada objeto expone retos escultóricos distintos y aquí el material y el objeto se combinan y me dan una diversidad infinita de soluciones volumétricas, y este reto para mí es muy interesante porque me obliga a observar estructuras, patrones de construcción, ensambles y en general experimentar tanto con la forma como con el material, y esto sucede sobre todo con la flora, que su manera de estructurarse es infinita y por lo tanto no termina de cautivarme.


Pero entonces parece que vas de lo íntimo, lo tuyo a lo público…


Pues sí, porque me interesa una realidad, pues real o aparentemente real, de todos, humana, compartida, accesible, cotidiana, y por ello son realidades aparentemente íntimas como una recámara, o una casa, un jardín, una mesa… pero en realidad son habituales y reconocibles y al insertarlas en una galería se vuelven públicas, pero siempre han sido imágenes identificables, compartidas, es decir humanas.


Y del espacio, que hay de tu relación con el espacio? con la escultura?


Creo que yo concibo la escultura como la creación o recreación del espacio, entonces la puedo ver enfocada hacia afuera como los objetos o volcada hacia adentro. Y creo que a mí me funciona más la escultura que es como un contenedor, una vasija que contiene. Para mí la escultura es como abrazar al espacio, es un idilio, es enamorarte de él, vivir en él, como el concepto de topophilia del filósofo francés Gaston Bachelard, que significa eso exactamente, simplemente amar el espacio. Y entonces mi trabajo se vuelve una atmósfera, un ambiente, un recipiente hospitalario que intenta compartir una experiencia sensorial y emocional también.


Pero entonces sucede con el espectador?


Más que un espectador yo lo considero un habitante, tal vez técnicamente es un visitante o un transeúnte que penetra el espacio y con ello yo pretendo que se involucre y se vuelva parte del espacio y que potencialmente se podría concebir a sí mismo como un habitante, o por lo menos yo así me concibo a mí misma.


Y el tiempo? ¿Qué sucede con el tiempo en tu trabajo?


Yo creo que hay dos clases de tiempo aquí: el tiempo de manufactura y el tiempo interno al espacio. Y los dos son relativos y ambiguos… porque me podrías decir que me tardé muchísimo en construir el proyecto, pero ha ido creciendo a lo largo de 4 años y a través de varios proyectos (como la habitación de papel y el primer jardín de papel), y que aquí se conjugan y se transforman en un nuevo espacio. Y cada objeto ha sido elaborado individualmente y almacenado de la misma forma hasta que llegó el tiempo del montaje y entonces sí, se unen todos y cobran vida… y luego está tiempo interno que también es difícil de precisar porque al estar en un espacio aislado, contenido y recluido perdemos los puntos de referencia a los que estamos acostumbrados como la velocidad de un auto, o el movimiento de un objeto, entonces el tiempo se transforma en un concepto flexible que puede ser muy largo o muy corto dependiendo de la experiencia personal. Para mí esto me resulta ideal porque se crea una pausa que me permite tener el tiempo suficiente para que el espacio dialogue con posible habitante.


El papel blanco es un elemento protagonista en este proyecto, ¿cómo llegaste a él?


Sí, en realidad todo es papel blanco excepto por las grapas y los pegamentos, el material tanto de estructura y piel es papel blanco. Llegué al papel porque buscaba un material que me permitiera crear espacios grandes, envolventes, interdependientes, donde todos los elementos estuvieran hilados en una unidad. Y entonces el papel utilizado de esta manera apareció primero en la Casa de Papel, en el 2007 en Londres. Y aquí yo tenía la idea de crear una especie de casa o contenedor para la mente, en un formato grande y con poco tiempo. Y el papel resultó ser el material perfecto porque es simple, barato, común, accesible y da la sensación de vulnerabilidad y temporalidad que era algo que yo también estaba buscando.


En esta pieza encontré tres cosas que determinaron estas instalaciones… me cautivó completamente la monocromía blanca y los efectos ópticos que produce en el espacio, y luego por sorpresa se creó un tono violáceo extra en los lugares donde había mayo concentración de papel, y esto producía un efecto cautivador… y finalmente que un espacio contenido y blanco provocaba generalmente una sensación de tranquilidad y silencio en el visitante, y esto me fascinó porque entonces había un efecto directo y sensorial en el espectador al visitar el espacio.


Creo que lo más relevante es el encuentro con la monocromía, que es un elemento formal muy sencillo para crear sensaciones físicas de interdependencia, interconexión y unidad que yo he buscado siempre en mi trabajo. Porque sabemos en general que todo es parte de una unidad, que la naturaleza, la sociedad, el humano y todos nuestros sistemas operan en base a la relación, al vínculo, pero esto a veces resulta muy abstracto. Y la monocromía aquí resulta como una herramienta que logra materializar estos vínculos y esta unidad a través de la simplificación de la realidad y de la experiencia sensorial inmediata y directa.


Pero y por qué blanco?


Sí, el blanco… en teoría es la unión de todos los colores, y de ningún color simultáneamente, es todos los significados y ninguno, todo lo lleno o todo vacío, y en este sentido simbólico y casi pictórico me ayuda a recalcar las ideas de unificación e interdependencia. Pero más que blanco me interesa la monocromía y los efectos ópticos que produce. Y en realidad ni siquiera es blanco, porque al papel le agregan tintes violetas o azules para compensar el amarillamiento natural, y esto se ve en el espacio y termina siendo otro color. Y a esto hay que sumarle las características de la luz que cambia continuamente dependiendo del día, del clima, del tipo de iluminación artificial, y hasta del tono de vidrio en las ventanas… entonces es blanco en apariencia pero no es puro, sino dinámico. El papel es blanco en un contexto normal, pero no crea algo blanco, se ve en la fotografías, a veces más azul, más cyan, más violeta o más rosa, eso es algo que se da, no es un agregado de photoshop. Es todo un reto para las fotografías. Yo creo que el blanco absoluto además no existe, más bien este es un concepto o un ideal al que nos aproximamos.


Y estos efecto ópticos que mencionas, ¿cuáles son o a qué te refieres?


Es en relación a la monocromía y al estar contenido por ella, principalmente me refiero al efecto ganzfelds o de “campo homogenizado” que una situación específica donde las cualidades de brillo, tono y saturación del color son idénticas, es decir completamente monócromas. En este momento el ojo o más bien la mente no puede reconocer las características de profundidad, volumen, contraste y color que nos permiten recrear y entender el espacio, como sucede en la obra de James Turrell, el juega y trabaja muchísimo con estos principios. Ahora en mi trabajo no es un campo homogenizado completamente, pero se acerca mucho a esta condición y entonces nuestra percepción de los objetos, la profundidades y en general del espacio cambia y tiene un efecto sensorial y también corpóreo porque al no reconocer estas condiciones nuestro movimiento corporal cambia un poco.


Y qué hay de Malevich, y su obra de Blanco sobre blanco?


Si Malevich claro, es un referente muy importante, porque llega a la simplificación máxima, a la abstracción pictórica completa, y también le interesaba llegar a la unidad y a la igualdad, que los puntos en común que tiene la pureza del blanco. Para mí, Yves Klein es también una referencia muy importante porque el exploraba directamente la monocromía y su repercusión en el espacio… en el vacío, en el todo y la unidad.


Y la luz? Pareciera que es un elemento esencial…


Sí, es todo. De alguna manera, es el material principal, el que da todo, pero yo juego indirectamente con ella, con su reflejo. Por eso prefiero la luz natural, porque crea una experiencia más sutil, más real y directa.


Y nos hablas sobre la luz natural, tiene algo que ver con el título de la exposición?


Sí, por supuesto, porque hace referencia al primer color del cielo al amanecer, un tono entre azul oscuro y violeta, que es el tono de la instalación con luz natural.




Y pareciera también que al ser blanco se convierte también en una provocación al espectador porque tienes objetos que naturalmente son coloridos como las flores o los lápices…


Si resulta en una provocación, o más bien un juego con el visitante y mi intención de involucrarlo. Esto es por por el tipo de realidad polícroma en la que vivimos y a la que estamos acostumbrados y se nos olvida que con el color identificamos objetos, medimos distancias, escogemos, reaccionamos, interactuamos… y creo que a través de esta experiencia monocromática tal vez podemos ver los detalles de nuestra vida y nuestros espacios bajo otra perspectiva, una perspectiva menos fragmentada, más consciente de su interdependencia … o por lo menos eso es lo que ha sucedido conmigo…

Entonces sucede un proceso mimético como en la serie de recortes blancos o los cactuses en el desierto, es entonces este el punto en común con otros proyectos?

Sí, seguro, por eso la idea de replicar, de recrear. A final de cuentas este proceso me permite tomar un objeto del exterior para transformarlo en algo mío, de mí realidad interna y luego regresarlo al contexto externo o original como los cactuses… y entonces esta mimésis me permite a mi unirme a la realidad y provocar una experiencia sensorial donde no haya fragmentación ni separación sino una consciencia plena de nuestra interdependencia y unidad.


Y ¿qué hay de lo mágico o el elemento “surrealista” que vemos aparecer en varias de las piezas?


Yo creo que deriva del mismo proceso de la réplica y la mímesis, donde hay un intento de mi parte de reproducir la realidad pero ligeramente modificada porque yo quiero que no haya un abismo entre mi percepción del mundo y el mundo, y entonces aparecen elementos que no son comunes en la realidad cotidiana y se ven como fantásticos o surrealistas, pero en realidad yo solo quiero que haya una congruencia entre mi mundo interno y el contexto exterior.


Existe también una sensación de contraste entre lo vacío de la primera sala y lo invasivo de la vegetación en el jardín con las orquídeas y las enredaderas, como también sucede en otros trabajos como la Puerta de Papel, qué es lo que provoca esta situación?


Si esto es completamente intencional, me gusta la idea de que las plantas pudieran reconquistar la ciudad como con los jardines verticales de Patric Blanc, o por lo menos que pudiéramos vivir en plena convivencia e intercambio continuo con ellas, que no tuviéramos que defenderlos de ellas, fumigando y podando y controlando, sino que viviéramos en un simbiosis completa. De aquí viene esta idea de un jardín interior exuberante, abundante, completo, que tiene en él el potencial de vida para crecer y transformarse en una realidad unificada, que obviamente tendría que ser abundante porque dodo se comparte y todo es la misma cosa, como un paraíso terrenal.


Y entonces qué es el paraíso para ti?


El paraíso… para mí es un lugar que podría existir porque sólo tendríamos que saber vivir en simbiosis, y para eso se necesita una consciencia plena de nuestra vida interdependiente y unida. El paraíso podría se aquí, o donde sea que queramos, porque depende de mí, de la clase de vida que llevo, de cómo me relaciono con otros objetos, y con la vida y las personas, abundancia y riqueza hay mucha si se comparte y se administra responsablemente. Para mí esta potencialidad, la del paraíso a punto de materializarse, es una imagen que está siempre presente en mi vida y en mi trabajo. Yo vengo de una familia de migrantes, mis abuelos y bisabuelos llegaron al continente americano huyendo de la guerra y el hambre, buscando una vida más justa, más bella, más abundante, más pacífica, una vida mejor… y pensaron en América. A mí generación le toca recibir los frutos de este esfuerzo, y también las problemáticas actuales. Y yo de alguna manera heredo este sueño y esta búsqueda, ellos construyeron su parte… y creo que la mía es seguir construyendo esa vida simbiótica, detalle a detalle, día a día, espacio por espacio.




© 2019 María Fernanda Barrero. Todos los derechos reservados